Iglesia Discípulos en Su Gracia

Confesión de Fe

"En lo esencial, unidad; en lo no esencial, libertad; y en todo, caridad."

Consideraciones

No consideramos nuestra confesión de fe con carácter definitivo o infalible. El liderazgo de la iglesia tiene la libertad de revisarla, siempre que lo considere conveniente.

Nuestra confesión es solo una guía fiel de interpretación bíblica, subordinada enteramente a las Escrituras y sin autoridad final sobre la conciencia.

La única autoridad para la fe y la práctica en nuestra congregación son las Escrituras del Antiguo y el Nuevo Testamento.

Lo expuesto en esta confesión expresa nuestras convicciones de fe extraídas de las Escrituras y no debe utilizarse para obstaculizar la libertad de pensamiento o de creencia.

Reconocemos que dentro de la fe cristiana existen doctrinas esenciales y doctrinas secundarias. Por ello, afirmamos el principio: "En lo esencial, unidad; en lo no esencial, libertad; y en todo, caridad." Procuramos mantener la fidelidad doctrinal sin menospreciar el amor cristiano y la humildad entre hermanos. En aquellos asuntos doctrinales considerados no esenciales para la salvación o para la identidad fundamental de esta iglesia, las diferencias serán tratadas con gracia, paciencia y espíritu de edificación. No obstante, para preservar el orden, la sana doctrina y la unidad de la congregación, cualquier controversia o diferencia doctrinal que surja en asuntos no esenciales será evaluada y definida por el cuerpo de pastores de la iglesia conforme a las Escrituras.

Como iglesia hemos adoptado esta confesión de fe como testimonio ante el mundo y como instrumento de rendición de cuentas doctrinal.

En una época cada vez más hostil a la verdad cristiana, nuestro reto es afirmar la verdad revelada en las Escrituras y dar testimonio de Jesucristo, quien es el Camino, la Verdad y la Vida. (Juan 14:6)

I

Acerca de las Escrituras

Creemos que la Santa Biblia fue escrita por hombres divinamente inspirados y es la revelación de Dios mismo al hombre. Tiene a Dios como autor, la salvación como fin y la verdad, sin mezcla de error, como contenido. Por lo tanto, toda la Escritura es totalmente verdadera y confiable.

Revela los principios por los cuales Dios nos juzga y es, y seguirá siendo hasta el fin del mundo, la norma suprema por la cual se deben juzgar toda conducta humana, credos y opiniones religiosas.

Toda la Escritura da testimonio de Cristo, quien es el centro de la revelación divina.

Éxodo 24:4; Deuteronomio 4:1-2; 17:19; Josué 8:34; Salmos 19:7-10; 119:11, 89, 105, 140; Isaías 34:16; 40:8; Jeremías 15:16; Mateo 5:17-18; Juan 5:39; 17:17; 2 Timoteo 3:15-17; Hebreos 1:1-2; 4:12; 2 Pedro 1:19-21.

II

Acerca de Dios

Creemos que hay un solo Dios vivo y verdadero, eterno, infinito en santidad y en todas sus perfecciones.

Dios es todopoderoso y omnisciente; y su conocimiento perfecto se extiende a todas las cosas, pasadas, presentes y futuras, incluyendo todas las decisiones futuras de sus criaturas, las cuales ocurren conforme a su decreto soberano, sin violencia a la voluntad de la criatura.

El Dios eterno y trino se nos revela como Padre, Hijo y Espíritu Santo, con atributos personales distintivos, pero sin división de naturaleza, esencia ni ser.

A. Dios Padre

Dios, como Padre, reina con providencia sobre Su universo, sus criaturas y el fluir de la historia humana, según los propósitos de su gracia. Él es todopoderoso, omnisciente, amoroso y sabio. Dios es Padre en verdad para quienes se convierten en hijos de Dios por la fe en Jesucristo. Es paternal en su actitud hacia todos los hombres.

Génesis 1:1; 2:7; Éxodo 3:14; 6:2-3; 15:11ss.; 20:1ss.; Levítico 22:2; Deuteronomio 6:4; 32:6; 2 Samuel 7:14; 1 Crónicas 29:10; Salmo 19:1-3; 2:7; Isaías 43:3,15; 9:1, 63:16; 64:8; Jeremías 10:10; 17:13; 31:9; Oseas 11:1; Malaquías 2:10; Mateo 6:9ss.; 7:11; 23:9; 28:19; Marcos 1:9-11; Juan 4:24; 5:26; 14:6-13; 17:1-8; Hechos 1:7; Romanos 8:14-15; 1 Corintios 8:6; Gálatas 4:6; Efesios 4:6; Colosenses 1:15; 1 Timoteo 1:17; Hebreos 11:6; 12:9; 1 Pedro 1:17.

B. Dios Hijo

Cristo es el Hijo eterno de Dios. En su encarnación como Jesucristo, fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la virgen María. Jesús reveló y cumplió perfectamente la voluntad de Dios, asumiendo la naturaleza humana con sus exigencias y necesidades, identificándose completamente con la humanidad, pero sin pecado. Honró la ley divina mediante su obediencia personal, y en su muerte sustitutiva en la cruz, proveyó para la redención del hombre del pecado. Resucitó con un cuerpo glorificado y se apareció a sus discípulos como la persona que estaba con ellos antes de su crucifixión. Ascendió al cielo y ahora está exaltado a la diestra de Dios, donde es el único Mediador, plenamente Dios, plenamente hombre, en cuya Persona se efectúa la reconciliación entre Dios y el hombre. Regresará con poder y gloria para juzgar al mundo y consumar su misión redentora.

Salmos 2:7ss.; 110:1ss.; Isaías 7:14; 53; Mateo 1:18-23; 3:17; 8:29; 11:27; 14:33; 16:16,27; 17:5; 27; 28:1-6,19; Marcos 1:1; 3:11; Lucas 1:35; 4:41; 22:70; 24:46; Juan 1:1-18,29; 10:30,38; 11:25-27; 12:44-50; 14:7-11; 16:13-16,28; 17:1-5, 21-22; 20:1-20,28; Hechos 1:9; 2:22-24; 7:55-56; 9:4-5,20; Romanos 1:3-4; 3:23-26; 5:6-21; 8:1-3,34; 10:4; 1 Corintios 1:30; 2:2; 8:6; 15:1-8,24-28; 2 Corintios 5:19-21; 8:9; Gálatas 4:4-5; Efesios 1:20; 3:11; 4:7-10; Filipenses 2:5-11; Colosenses 1:13-22; 2:9; 1 Tesalonicenses 4:14-18; 1 Timoteo 2:5-6; 3:16; Tito 2:13-14; Hebreos 1:1-3; 4:14-15; 7:14-28; 9:12-15,24-28; 12:2; 13:8; 1 Pedro 2:21-25; 3:22; 1 Juan 1:7-9; 3:2; 4:14-15; 5:9; 2 Juan 7-9; Apocalipsis 1:13-16; 5:9-14; 12:10-11; 13:8; 19:16.

C. Dios Espíritu Santo

El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios, plenamente divino. Inspiró a hombres santos de la antigüedad a escribir las Escrituras. Mediante la iluminación, capacita a los hombres para comprender la verdad. Exalta a Cristo. Convence a los hombres de pecado, de justicia y de juicio. Llama a los hombres al Salvador y efectúa la regeneración. En el momento de la regeneración, bautiza a cada creyente en el Cuerpo de Cristo. Cultiva el carácter cristiano, consuela a los creyentes y les otorga los dones espirituales mediante los cuales sirven a Dios a través de su iglesia. Sella al creyente para el día de la redención final. Su presencia en el cristiano es la garantía de que Dios lo llevará a la plenitud de la estatura de Cristo. Ilumina y capacita al creyente y a la iglesia en la adoración, la evangelización y el servicio.

Génesis 1:2; Jueces 14:6; Job 26:13; Salmos 51:11; 139:7ss.; Isaías 61:1-3; Joel 2:28-32; Mateo 1:18; 3:16; 4:1; 12:28-32; 28:19; Marcos 1:10,12; Lucas 1:35; 4:1,18-19; 11:13; 12:12; 24:49; Juan 4:24; 14:16-17,26; 15:26; 16:7-14; Hechos 1:8; 2:1-4,38; 4:31; 5:3; 6:3; 7:55; 8:17,39; 10:44; 13:2; 15:28; 16:6; 19:1-6; Romanos 8:9-11,14-16,26-27; 1 Corintios 2:10-14; 3:16; 12:3-11,13; Gálatas 4:6; Efesios 1:13-14; 4:30; 5:18; 1 Tesalonicenses 5:19; 1 Timoteo 3:16; 4:1; 2 Timoteo 1:14; 3:16; Hebreos 9:8,14; 2 Pedro 1:21; 1 Juan 4:13; 5:6-7; Apocalipsis 1:10; 22:17.

III

El Hombre y su Caída

El hombre fue creado por Dios a su imagen como varón y mujer. Lo sagrado de la personalidad humana es evidente en que Dios creó al hombre a su imagen y en que Cristo murió por él; por lo tanto, toda persona posee plena dignidad y es digna de respeto y amor cristiano. En el principio el hombre era inocente de pecado y dotado de libertad moral. Por su libre elección, pecó contra Dios e introdujo el pecado en la raza humana. Por la tentación de Satanás, el hombre transgredió el mandato de Dios y perdió su inocencia original, y por su caída, el hombre heredó una naturaleza corrupta y moralmente incapaz de agradar a Dios, así como un entorno proclive al pecado; y por tanto, todos están bajo condenación. Esta caída, sin embargo, estaba completamente dentro de los planes y propósitos eternos de Dios.

Solo la gracia de Dios puede introducir al hombre en su santa comunión y capacitarlo para cumplir el propósito para el cual fue creado.

Génesis 1:26-30; 2:5,7,18-22; 3; 9:6; Salmos 8:3-6; 32:1-5; 51:5; Isaías 6:5; Jeremías 17:5; Hechos 17:26-31; Romanos 1:19-32; 3:10-18,23; 5:6,12,19; 6:6; 7:14-25; 8:14-18,29; 1 Corintios 1:21-31; 15:19,21-22; Efesios 2:1-22; Colosenses 1:21-22; 3:9-11.

IV

La Salvación

La salvación implica la redención integral del ser humano y se ofrece gratuitamente a todos los que reciben a Jesucristo como Señor y Salvador, quien por su propia sangre obtuvo la redención eterna para el creyente. En su sentido más amplio, la salvación incluye la regeneración, la justificación, la santificación y la glorificación. No hay salvación sin la fe personal puesta en Jesucristo como Señor.

La regeneración, o el nuevo nacimiento, es una obra de la gracia de Dios mediante la cual los creyentes se convierten en nuevas criaturas en Cristo Jesús. La regeneración es una obra soberana de la gracia de Dios, al cual el pecador responde con arrepentimiento y fe, los cuales son dones de la gracia de Dios. El arrepentimiento es un verdadero alejamiento del pecado y una conversión hacia Dios. La fe es la aceptación de Jesucristo y la entrega de toda la personalidad a Él como Señor y Salvador.

La justificación es un acto judicial de Dios basado únicamente en la justicia imputada de Cristo, es decir, la obediencia perfecta y completa de Cristo acreditada al creyente como si fuera suya, no por mérito propio sino por gracia soberana, recibida solo por la fe, y no por obras. En este glorioso intercambio nuestros pecados fueron puestos sobre Cristo y su justicia nos es contada delante de Dios, de modo que el creyente es declarado justo con pleno fundamento legal. La justificación lleva al creyente a una relación de paz y favor con Dios.

La santificación es la obra continua del Espíritu Santo por la cual el creyente es conformado a la imagen de Cristo a lo largo de su vida, apartado para los propósitos de Dios y se le permite progresar hacia la madurez moral y espiritual mediante la presencia y el poder del Espíritu Santo que mora en él. El crecimiento en la gracia debe continuar a lo largo de la vida de la persona regenerada, lo cual es la evidencia de una conversión genuina.

La glorificación es la culminación final de la salvación, cuando los redimidos serán perfeccionados en la presencia del Señor y es el estado final, bendito y permanente de los redimidos.

Génesis 3:15; Éxodo 3:14-17; 6:2-8; Mateo 1:21; 4:17; Lucas 1:68-69; 2:28-32; Juan 1:11-14,29; 3:3-21,36; 5:24; 10:9,28-29; 15:1-16; 17:17; Hechos 2:21; 4:12; 15:11; 16:30-31; 17:30-31; 20:32; Romanos 1:16-18; 2:4; 3:23-25; 4:3ss.; 5:8-10; 6:1-23; 8:1-18,29-39; 10:9-10,13; 13:11-14; 1 Corintios 1:18,30; 6:19-20; 2 Corintios 5:17-20; Gálatas 2:20; 3:13; 5:22-25; 6:15; Efesios 1:7; 2:8-22; Filipenses 2:12-13; Colosenses 1:9-22; 3:1ss.; 1 Tesalonicenses 5:23-24; 2 Timoteo 1:12; Tito 2:11-14; Hebreos 2:1-3; 5:8-9; 9:24-28; 11:14; Santiago 2:14-26; 1 Pedro 1:2-23; 1 Juan 1:6-2:11; Apocalipsis 3:20.

V

El Propósito de la Gracia de Dios

Creemos que la elección es el propósito soberano y misericordioso de Dios, no basado en el mérito humano, sino únicamente en su gracia soberana. Es consecuente con el libre albedrío del hombre y abarca todos los medios en relación con el fin. Es la gloriosa manifestación de la bondad soberana de Dios, y es infinitamente sabia, santa e inmutable. Excluye la jactancia y promueve la humildad.

Todos los verdaderos creyentes perseveran hasta el fin. Aquellos a quienes Dios ha aceptado en Cristo y santificado por su Espíritu, jamás caerán del estado de gracia, sino que perseverarán hasta el fin. Los creyentes pueden caer en pecado por negligencia y tentación, con lo cual contristan al Espíritu Santo, menoscaban sus virtudes y consuelos, y acarrean oprobio a la causa de Cristo y juicios temporales sobre sí mismos; sin embargo, serán guardados por el poder de Dios mediante la fe para salvación.

Génesis 12:1-3; Éxodo 19:5-8; Isaías 5:1-7; Jeremías 31:31ss.; 21:28-45; 24:22,31; 25:34; Lucas 1:68-79; 2:29-32; 24:44-48; Juan 1:12-14; 3:16; 5:24; 6:44-45,65; 10:27-29; 15:16; 17:6, 12, 17-18; Hechos 20:32; Romanos 5:9-10; 8:28-39; 10:12-15; 11:5-7,26-36; 1 Corintios 1:1-2; 15:24-28; Efesios 1:4-23; 2:1-10; 3:1-11; Colosenses 1:12-14; 2 Tesalonicenses 2:13-14; 2 Timoteo 1:12; 2:10,19; Hebreos 11:39-12:2; Santiago 1:12; 1 Pedro 1:2-5,13; 2:4-10; 1 Juan 1:7-9; 2:19; 3:2.

VI

La Iglesia

Creemos que una iglesia del Nuevo Testamento es una congregación local autónoma de creyentes bautizados que opera bajo el señorío de Cristo, unidos por pacto en la fe y la comunión del evangelio; observando las dos ordenanzas de Cristo (comunión y bautismo), gobernados por sus leyes, ejerciendo los dones, derechos y privilegios que les confiere su Palabra, y buscando extender el evangelio hasta los confines de la tierra, mientras que cada miembro es responsable delante de Cristo Señor.

Creemos en dos oficios bíblicos, los cuales son el de pastor (también llamado anciano u obispo) y el de diácono. Si bien tanto hombres como mujeres tienen dones para el servicio en la iglesia, el oficio de pastor (anciano u obispo) está limitado a los varones, según lo estipulan las Escrituras. El oficio de diácono está orientado al servicio práctico, la administración fiel y el cuidado de necesidades dentro de la congregación, a fin de apoyar la unidad, el orden y el avance del ministerio de la Palabra. Quienes sirven en este oficio deben igualmente manifestar madurez espiritual, carácter piadoso y una vida digna del evangelio.

El Nuevo Testamento habla también de la iglesia como el Cuerpo de Cristo, que incluye a todos los redimidos de todos los tiempos, creyentes de toda tribu, lengua, pueblo y nación (iglesia Universal).

Mateo 16:15-19; 18:15-20; Hechos 2:41-42,47; 5:11-14; 6:3-6; 13:1-3; 14:23,27; 15:1-30; 16:5; 20:28; Romanos 1:7; 1 Corintios 1:2; 3:16; 5:4-5; 7:17; 9:13-14; 12; Efesios 1:22-23; 2:19-22; 3:8-11,21; 5:22-32; Filipenses 1:1; Colosenses 1:18; 1 Timoteo 2:9-14; 3:1-15; 4:14; Hebreos 11:39-40; 1 Pedro 5:1-4; Apocalipsis 2-3; 21:2-3.

VII

Bautismo y la Cena del Señor

El Señor Jesús instituyó dos ordenanzas, el bautismo y la Cena del Señor, para que fueran fielmente observadas por la iglesia hasta su regreso.

A. El Bautismo

Las escrituras enseñan que el bautismo cristiano es por inmersión total del creyente en agua y en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El bautismo es un acto de obediencia del creyente y que simboliza la fe en nuestro Salvador crucificado, sepultado y resucitado, su muerte al pecado, la sepultura de la antigua vida y la resurrección para vivir en nueva vida en Cristo Jesús.

Es un testimonio de su fe en la resurrección final de los muertos. Al ser una ordenanza, es un requisito previo para los privilegios de la membresía y para la participación en la Santa Cena.

B. La Cena del Señor

La Cena del Señor es un acto íntimo y solemne en el cual los miembros de la iglesia participan de la presencia real y espiritual de Jesucristo a través del pan y del fruto de la vid que representan el cuerpo de Cristo y la sangre derramada por nuestros pecados y conmemoran la muerte del Redentor y también anticipan su segunda venida. En este santo misterio, Cristo se comunica verdaderamente a la fe de su pueblo para fortalecerla, consolarla y nutrirla por medio de la obra del Espíritu Santo, aunque sin cambio alguno en la sustancia de los elementos. Le debe preceder a su observancia el auto-examen detenido de cada participante.

Mateo 3:13-17; 26:26-30; 28:19-20; Marcos 1:9-11; 14:22-26; Lucas 3:21-22; 22:19-20; Juan 3:23; Hechos 2:41-42; 8:35-39; 16:30-33; 20:7; Romanos 6:3-5; 1 Corintios 10:16,21; 11:23-29; Colosenses 2:12.

VIII

El Día del Señor

Creemos que el primer día de la semana es el Domingo y el día del Señor. Es una institución cristiana de observancia regular. Conmemora la resurrección de Cristo y debe incluir actos de adoración y devoción espiritual, tanto públicos como privados. Las actividades del Domingo del Señor deben ser acordes con la conciencia del cristiano bajo el señorío de Jesucristo.

Éxodo 20:8-11; Mateo 12:1-12; 28:1ss.; Marcos 2:27-28; 16:1-7; Lucas 24:1-3,33-36; 20:1,19-28; Hechos 20:7; Romanos 14:5-10; 1 Corintios 16:1-2; Colosenses 2:16.

X

El Reino

Creemos que el Reino de Dios abarca tanto su soberanía general sobre el universo como su realeza particular sobre los hombres que voluntariamente lo reconocen como Rey. En particular, el Reino es el ámbito de salvación al que los hombres entran mediante una entrega confiada e inseparable a Jesucristo. Los cristianos deben orar y trabajar para que el Reino avance y se extienda, y se haga la voluntad de Dios en la tierra. La consumación plena del Reino se dará en el regreso visible de Jesucristo en gloria, y el fin de esta era.

Génesis 1:1; Isaías 9:6-7; Jeremías 23:5-6; Mateo 3:2; 4:8-10,23; 12:25-28; 13:1-52; 25:31-46; 26:29; Marcos 1:14-15; 9:1; Lucas 4:43; 8:1; 9:2; 12:31-32; 17:20-21; 23:42; Juan 3:3; 18:36; Hechos 1:6-7; Romanos 5:17; 8:19; 1 Corintios 15:24-28; Colosenses 1:13; Hebreos 11:10,16; 12:28; 1 Pedro 2:4-10; 4:13; Apocalipsis 1:6,9; 5:10; 11:15; 21-22.

XI

Referente a las Últimas Cosas

Creemos que Dios, a su tiempo y a su manera, llevará al mundo a su fin. Según su promesa, Jesucristo regresará personal y visiblemente en gloria a la tierra; los muertos resucitarán; y Cristo juzgará a todos los hombres con justicia. Los injustos serán condenados al infierno, el lugar del castigo eterno. Los justos, en sus cuerpos resucitados y glorificados, recibirán su recompensa y morarán para siempre en la presencia del Señor.

Isaías 2:4; 11:9; Mateo 16:27; 18:8-9; 19:28; 24:27,30,36,44; 25:31-46; 26:64; Marcos 8:38; Lucas 12:40,48; 16:19-26; 17:22-37; 21:27-28; Juan 14:1-3; Hechos 1:11; 17:31; Romanos 14:10; 1 Corintios 4:5; 15:24-28,35-58; 2 Corintios 5:10; Filipenses 3:20-21; Colosenses 1:5; 3:4; 1 Tesalonicenses 4:14-18; 5:1ss.; 2 Tesalonicenses 1:7ss.; 2; 1 Timoteo 6:14; 2 Timoteo 4:1,8; Tito 2:13; Hebreos 9:27-28; Santiago 5:8; 2 Pedro 3:7ss.; 1 Juan 2:28; 3:2; Apocalipsis 1:18; 3:11.

XII

El Evangelismo

Es deber y privilegio de todo seguidor de Cristo y de toda iglesia del Señor Jesucristo es esforzarse por hacer discípulos de todas las naciones. El nuevo nacimiento del espíritu humano por el Espíritu Santo de Dios implica el nacimiento del amor al prójimo y el deseo de que sea reconciliado con Dios. El esfuerzo misionero de todos se basa, por lo tanto, en la necesidad espiritual de la vida regenerada, y es expresa y repetidamente ordenado en las enseñanzas de Cristo.

El Señor Jesucristo ha ordenado la predicación del evangelio a todas las naciones. Es deber de todo hijo de Dios buscar constantemente ganar a los perdidos para Cristo mediante la predicación del evangelio y el testimonio basado en un estilo de vida cristiano, y por otros métodos en armonía con el evangelio de Cristo.

Génesis 12:1-3; Éxodo 19:5-6; Isaías 6:1-8; Mateo 9:37-38; 10:5-15; 13:18-30, 37-43; 22:9-10; 24:14; 28:18-20; Lucas 10:1-18; 24:46-53; Juan 14:11-12; 15:7-8,16; 20:21; Hechos 1:8; 2; 8:26-40; 10:42-48; 13:2-3; Romanos 10:13-15; Efesios 3:1-11; 1 Tesalonicenses 1:8; 2 Timoteo 4:5; Hebreos 2:1-3; 11:39-12:2; 1 Pedro 2:4-10; Apocalipsis 22:17.

XIII

Educación Cristiana

El cristianismo es una fe basada en el conocimiento del Dios trino, tanto intelectual como espiritualmente, que involucra todo nuestro ser. En Jesucristo residen todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento. Por lo tanto, todo aprendizaje sólido forma parte de nuestra herencia cristiana. El nuevo nacimiento abre todas las facultades humanas y crea una sed de conocimiento y hambre de la Palabra que lo lleva a una relación más profunda con Dios.

La causa de la educación en el Reino de Cristo está coordinada con las causas de las misiones en general, y debe recibir, el generoso apoyo de la iglesia. Un sistema adecuado de educación cristiana es necesario para un programa espiritual completo para el pueblo de Cristo.

Deuteronomio 4:1,5,9,14; 6:1-10; 31:12-13; Nehemías 8:1-8; Job 28:28; Salmos 19:7ss.; 119:11; Proverbios 3:13ss.; 4:1-10; 8:1-7,11; 15:14; Eclesiastés 7:19; Mateo 5:2; 7:24ss.; 28:19-20; Lucas 2:40; 1 Corintios 1:18-31; Efesios 4:11-16; Filipenses 4:8; Colosenses 2:3,8-9; 1 Timoteo 1:3-7; 2 Timoteo 2:15; 3:14-17; Hebreos 5:12-6:3; Santiago 1:5; 3:17.

XIV

La Mayordomía

Creemos que Dios es la fuente de todas las bendiciones, temporales y espirituales; todo lo que tenemos y somos se lo debemos a Él. Los cristianos tienen una deuda espiritual con el mundo entero, una santa responsabilidad en el evangelio y una mayordomía vinculante de sus posesiones. Por lo tanto, tienen la obligación de servirle con su tiempo, talentos y bienes materiales; y deben reconocer que todo esto les ha sido confiado para usarlo para la gloria de Dios y para ayudar a los demás. Según las Escrituras, los cristianos deben contribuir con sus recursos con alegría, regularidad, sistema, proporción y liberalidad para el avance de la causa del Redentor en la tierra.

Génesis 14:20; Levítico 27:30-32; Deuteronomio 8:18; Malaquías 3:8-12; Mateo 6:1-4,19-21; 19:21; 23:23; 25:14-29; Lucas 12:16-21,42; 16:1-13; Hechos 2:44-47; 5:1-11; 17:24-25; 20:35; Romanos 6:6-22; 12:1-2; 1 Corintios 4:1-2; 6:19-20; 12; 16:1-4; 2 Corintios 8-9; 12:15; Filipenses 4:10-19; 1 Pedro 1:18-19.

XV

El Cristiano y el Orden Social

Creemos que los cristianos tenemos la obligación de procurar que la voluntad de Cristo prevalezca en nuestras vidas y en la sociedad humana. Los medios y métodos empleados para el mejoramiento de la sociedad y el establecimiento de la justicia entre los hombres solo pueden ser verdaderamente útiles y permanentes cuando se basan en la regeneración del individuo por la gracia salvadora de Dios en Jesucristo. En el espíritu de Cristo, los cristianos debemos oponernos al racismo, a toda forma de avaricia, egoísmo y vicio, y a toda forma de inmoralidad sexual, incluyendo el adulterio, la homosexualidad y la pornografía.

Debemos trabajar para proveer a los huérfanos, los necesitados, los maltratados, los ancianos, los indefensos y los enfermos. Debemos defender a los no nacidos y defender la santidad de toda vida humana, desde la concepción hasta la muerte natural.

Éxodo 20:3-17; Levítico 6:2-5; Deuteronomio 10:12; 27:17; Salmo 101:5; Miqueas 6:8; Zacarías 8:16; Mateo 5:13-16,43-48; 22:36-40; 25:35; Marcos 1:29-34; 2:3ss.; 10:21; Lucas 4:18-21; 10:27-37; 20:25; Juan 15:12; 17:15; Romanos 12-14; 1 Corintios 5:9-10; 6:1-7; 7:20-24; 10:23-11:1; Gálatas 3:26-28; Efesios 6:5-9; Colosenses 3:12-17; 1 Tesalonicenses 3:12; Santiago 1:27; 2:8.

XVI

La Familia

Creemos que Dios ha ordenado la familia como la institución fundamental de la sociedad humana. Está compuesta por personas relacionadas entre sí mediante el matrimonio, consanguinidad o adopción.

El matrimonio es la unión de un hombre y una mujer biológicos en un pacto de compromiso para toda la vida. Es el don único de Dios para revelar la unión entre Cristo y su iglesia y para proveer al hombre y a la mujer en el matrimonio el marco para la compañía íntima, el canal de expresión sexual según los estándares bíblicos y el medio para la procreación humana.

El esposo y la esposa tienen el mismo valor ante Dios, ya que ambos fueron creados a su imagen. La relación matrimonial modela la manera en que Dios se relaciona con su pueblo. El esposo debe amar a su esposa como Cristo amó a la iglesia. Tiene la responsabilidad divina de proveer, proteger y guiar a su familia. La esposa debe someterse con gracia al liderazgo servicial de su esposo, así como la iglesia se somete voluntariamente a la autoridad de Cristo. Ella, al ser a imagen de Dios al igual que su esposo y, por lo tanto, igual a él, tiene la responsabilidad divina de respetar a su esposo y servirle como ayuda idónea en la administración del hogar y en la crianza de los hijos.

Los hijos, desde el momento de la concepción, son una bendición y una herencia del Señor. Los padres deben mostrarles a sus hijos el modelo divino para el matrimonio. Deben enseñarles valores espirituales y morales y guiarlos al conocimiento del Evangelio, mediante un estilo de vida constante y una disciplina amorosa, a tomar decisiones basadas en la verdad bíblica. Los hijos deben honrar y obedecer a sus padres.

Génesis 1:26-28; 2:15-25; 3:1-20; Éxodo 20:12; Deuteronomio 6:4-9; Josué 24:15; 1 Samuel 1:26-28; Salmos 51:5; 78:1-8; 127; 128; 139:13-16; Proverbios 1:8; 5:15-20; 6:20-22; 12:4; 13:24; 14:1; 17:6; 18:22; 22:6,15; 23:13-14; 24:3; 29:15,17; 31:10-31; Eclesiastés 4:9-12; 9:9; Malaquías 2:14-16; Mateo 5:31-32; 18:2-5; 19:3-9; Marcos 10:6-12; Romanos 1:18-32; 1 Corintios 7:1-16; Efesios 5:21-33; 6:1-4; Colosenses 3:18-21; 1 Timoteo 5:8,14; 2 Timoteo 1:3-5; Tito 2:3-5; Hebreos 13:4; 1 Pedro 3:1-7.